La verdadera historia de Juan Evangelista

Biografía de alguien que, por difícil que resulte de creer, vivió más de trescientos años y recorrió el planeta Tierra en casi toda su extensión.

Miércoles, 15 Octubre 2008 07:52:37 GMT

Perpétuum móbile

"La verdadera historia de Juan Evangelista", enorme narración que consta de cuatro libros, cuenta la vida del personaje que le da nombre, alguien que nació en la Ciudad Rodrigo de 1680 y murió en estos tiempos que corren, rondando el comienzo del tercer milenio. El cuarto libro, llamado "Perpétuum móbile", está dedicado a la descripción de lo que fueron sus hazañas durante el siglo XX, y comienza de la manera que puede leerse a continuación.

Si alguien quiere curiosear en el aspecto de uno de estos libros, puede hacerlo aquí:

"Edad de las tinieblas"

Juan Evangelista, quien ante ustedes se presenta, nació de padres ricos en la fortificada plaza de Ciudad Rodrigo durante los lejanísimos años que rodearon al de 1680, tiempos que fueron del cometa caudato, la peste bubónica y el último y fatal declinar del poderío español en el Orbis Terrárum .

Juan Evangelista, tocado de inexplicable melancolía, recorrió los primeros veinte años de su infancia de la mano de sus padres, maravillados ante el prodigio. También acompañado de la única compañera de juegos que tuvo a tan temprana edad, la niña de los ojos azules, que crecía, y él no... Luego llegaron los tiempos de las continuas huidas, la guerra con Portugal, la escondida casa nueva de las montañas y al fin la cueva, el paraíso en el valle del Lobo del vecino país, que seguramente se enclavaba en tierras del Alentejo.

Más tarde aún, cuando ya podía comprender lo que le rodeaba, amaneció el Siglo de las luces, la Ilustración y sus encendidas luminarias que alumbraron el terreno, la naciente ciencia que todo lo quiso medir a pesar de los obstáculos que los poderes establecidos pusieron en su camino. Allí conoció la manzana del amor, el sistema de los tres campos, las melodías de los maestros europeos y el perpétuum móbile, juguete de las clases ilustradas que pronto iba a revelarse ineficaz. También los caballos, único medio de locomoción de la época, y el despertar de la burguesía; l'eau heröique , que no es decir cualquier cosa; las aguas y tempestades del océano Atlántico, el amor desbocado, los insalubres pantanos de la región del Darién, los guardianes de los harenes de la costa de África y las abruptas y pedregosas montañas de la enorme cordillera de los Andes, y luego, cuando las luces de que hemos hecho mención se extinguieron y arribaron las guerras y revoluciones del siglo XIX –entre las que no fue la menor la de Nube Roja–, de igual manera las majestuosas locomotoras de vapor, en cuyo manejo fue doctorado por la práctica y las instituciones de la época. Al fin, el fabuloso y lejano archipiélago que se conoce como Indias Orientales apareció asimismo ante sus ojos, tierras y aguas de otro hemisferio en donde durante muchos años actuó como encargado y agente de las instituciones comerciales que componían los imperios marítimos de aquellos tiempos..., y aunque en el tintero nos restan la mayor parte de los hitos de que podríamos hacer mención, cesemos en esta copiosa relación y digámosolo de otra manera.

¡Qué ingente profusión de hechos diversos me condujeron hasta el lugar en que me encuentro, y cuán enorme es el caudal de nebulosos recuerdos que a mi mente vienen! Paso y repaso las páginas anteriores y me digo, Juan Evangelista, ¡qué exagerado eres!, pero mi vida no es la de una persona corriente y de ninguna manera podría contarla como tal. ¿Quién ha podido viajar en uno de los últimos convoyes de Indias que desde el puerto de Cádiz salieron, y al propio tiempo luchar entre los partisanos de la española guerra de la Independencia? ¿Quién ha recorrido las pampas, escalado los Andes y buscado mujer en las abigarradas poblaciones de Rio Grande do Sul o los harenes de los factores que escondidamente habitan en los puertos de la costa del África central? ¿Quién pudo discernir con los ojos de la cara las habilidades de mi lejana Inés, que subida en el tejado de nuestra casa y gracias a su violín hizo amistad con los pajarillos recién nacidos?

Sí, c ontemplo los libros anteriores y lo que en ellos se dice, y no puedo por menos de pensar, Juan Evangelista, ¡cómo han cambiado las cosas! Antiguamente todo se transportaba a mano o sobre los lomos de las caballerías. Del sudor de la frente hemos pasado a la caldera alimentada por carbón, y de las profecías de augures y heteromantes a la expansión universal de Hubble, uno de los mas renombrados sabios del siglo XX, y a todo ello asistí, pero es que mi vida fue una continua huida, pues estaba obligado a ocultar mis anomalías a quienes me rodeaban, fruto de lo cual fueron los constantes viajes y las familias que contribuí a formar y entre las que encontré cobijo.

Aquellos fueron tiempos antiguos, algunos muy antiguos, pero los siglos se cumplen y el aspecto de lo que nos rodea se transforma . Atrás quedaron los inmensos bosques y las silenciosas ciudades de piedra tallada, aunque también el hambre, las enfermedades infecciosas y la ignorancia de gentes que sólo podían agachar la cabeza ante los poderosos, reyes y prelados, nobles y usureros, nacidos con fortuna que ordenaban lo que había de hacerse.

Cuanto he dicho, sin embargo, no forma parte de una crónica mágica al uso, sino que es la auténtica narración de alguien a quien, por razones que se nos resisten, cayó en suerte vivir una existencia inusual, creciendo a un ritmo varias veces menor del que se supone común a las personas.

Sí, han leído bien, y es que nos las habemos con un personaje que nada tiene de habitual, Juan Evangelista, hijo del cometa y niño diablo al principio –eso dijeron en los tiempos antiguos–, pero ahora sabio y viejo, muy viejo, habitante al fin del lugar que llamamos mundo civilizado .

Juan Evangelista, lobo solitario que recorrió la faz de la Tierra animado de sus solas fuerzas, ha vivido más de doscientos años, aunque parezca imposible y novelesco, y aborda el último siglo de su existencia rico en sabidurías y billetes de banco de las más sólidas instituciones que en nuestro planeta existen, es decir, libras esterlinas y florines holandeses. Su perpetuo trasladarse le conduce desde la Insulindia, en donde habitó durante los últimos decenios, a las mediterráneas y templadas costas de las islas Baleares, una vez más su nación, y allí, ustedes lo van a ver, continuarán sus innumerables y pausadas aventuras hasta que lleguen el ocaso y la muerte, inevitable destino de todos los seres vivos.



En: Novela en español
Permaenlace: Perpétuum móbile
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Camargo Rain

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Mi agradecimiento a los lectores que se encuentran interesados en la narración de las aventuras que conformaron mi larguísima vida. En la próxima entrega (que seguramente tendrá lugar la semana que viene) seguiré contando cosas.