Juan Evangelista cuenta un detalle desconocido hasta ahora
... un detalle con mucha enjundia, además. Véase.
Una vez, hace más de doscientos años, cuando yo era un joven inexperto, me comisionaron para hacer una de mis fotos, fotos muy peculiares, según se decía en círculos, pero que tenían gran éxito. Se trataba de retratar a la querida del rey, ni más ni menos, que estaba apartada en un convento en espera de la ocasión propicia. Pocos la habían visto, y aquello debía ser llevado a cabo con el mayor sigilo. Hice mis preparativos (las emulsiones, claro es, y ya pueden imaginar ustedes cómo eran las emulsiones del siglo XVIII...) y una buena mañana, escoltado por un edecán, me dirigí a tal lugar. Los escenarios que me propusieron me parecieron a propósito, y tras mucho pensarlo y repetidas mediciones fotométricas elegí la alberca, la alberca del convento. Luego hubimos de esperar a que atardeciera, pues eso de la luz... Al fin apareció ella y pude tomar aquellas fotos, de las que elegí una como definitiva... ¿Le gustaría a usted verla? Pues nada más sencillo: vaya a este enlace .
En: Novela en español
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